La solución tántrica a los problemas de la sexualidad moderna
Descubre la solución tántrica a los desafíos de la sexualidad moderna. vs el erotismo puro.
1/25/20263 min read


La solución tántrica a los problemas de la sexualidad moderna se fundamenta en las fusiones amorosas basadas en el amor mutuo, la continencia amorosa erótica y la transfiguración consciente. Estas prácticas abren nuestro universo interior y nos permiten entrar en una comunión inefable con un mundo mítico, sagrado y transformador.
El pensamiento mítico y la regeneración del ser
Lo esencial del pensamiento mítico reside en una visión cíclica de la vida humana y cósmica. El mundo, debido a su duración limitada, se degenera progresivamente y se fatiga. Por ello, para sanarnos del carácter devastador de la energía del tiempo, es necesario aprender a regresar simbólicamente al origen, mediante procedimientos rituales conocidos por los iniciados.
A través de estos rituales, se desencadenan procesos de resonancia oculta que nos conectan con fuentes eternas y vivas, situadas en el cronotipo sagrado de los orígenes. Gracias al pensamiento mítico, los iniciados se relacionan de forma distinta con el Macrocosmos, y su existencia cotidiana se transfigura profunda y extraordinariamente.
Continencia amorosa erótica y alquimia interior
La disciplina libremente asumida de la continencia amorosa erótica, basada en el amor mutuo, nos ayuda a descubrir —o al menos a intuir— las leyes profundas del erotismo, fundamentadas en la buena voluntad, el altruismo, la transfiguración y la conciencia espiritual.
Esta autodisciplina, practicada de manera cuidadosa, perseverante y lúcida, revela que la temperatura corporal, tanto en el hombre como en la mujer, puede desencadenar misteriosos procesos de alquimización del potencial procreativo. Dichos procesos generan la transmutación biológica de la sustancia sexual, produciendo una enorme cantidad de energía que puede canalizarse, sublimarse y acumularse en niveles superiores del ser, provocando transformaciones rápidas y profundas.
Los antiguos afirmaban que todo juego amoroso ordinario termina siempre del mismo modo. Sin embargo, para las parejas que practican la continencia amorosa erótica basada en el amor, el juego amoroso comienza y se mantiene en un estado de inicio continuo, evitando el final de una forma aparentemente paradójica.
El deseo erótico como llamado espiritual
El deseo erótico no tiene un fin en sí mismo. Más allá de las apariencias, el eros nos impulsa a buscar “algo más”, invitándonos a ir más allá de los límites habituales para descubrir a Dios y experimentar el despertar gradual del estado andrógino en nuestro universo interior.
Desde la perspectiva de numerosos sexólogos, es esencial aprender a interpretar y decodificar los gestos sexuales, comprendiendo su íntima correlación con la naturaleza profunda del comportamiento humano. Estos gestos se integran entre sí, como las muñecas Matrioska, revelando niveles cada vez más sutiles de significado.
En las fusiones amorosas basadas en el amor mutuo, la transfiguración y la continencia erótica, los amantes no terminan nunca el juego del amor de la misma manera, sino que permanecen en una experiencia continua del principio, renovada y viva.
La continencia amorosa como disciplina espiritual
Esta experiencia solo puede ser comprendida por parejas que se acercan con entusiasmo y perseverancia a la autodisciplina de la continencia amorosa erótica. Cuando el amor mutuo tiende a volverse eterno, los amantes pueden comprender el profundo misterio contenido en uno de los Diez Mandamientos:
«No cometerás fornicación».
En términos generales, la continencia amorosa erótica implica que los dos amantes se fusionen con moderación consciente, manifestando el potencial amoroso solo cuando está perfectamente controlado. Esta autodisciplina, libremente consentida y practicada al unísono, transforma el juego fundamental del amor en una experiencia sagrada y permanente.
De este modo, la fusión amorosa integra plenamente la continencia erótica consciente, cumpliendo el mandamiento divino y permitiendo que el amor se exprese como una experiencia espiritual elevada, regeneradora y transformadora.
